In Summer Camp

Seguro que no soy la única que se ha llevado tiempo soñando con vivir una experiencia como esta. Con conocer otra cultura y poder aprender, con ver y vivir en algún sitio del que sólo habías escuchado hablar. Está claro que el propósito principal de ir a Irlanda era aprender y perfeccionar el inglés. Pero eso no fue lo único que pasó.

En el principio de este viaje, hubo muchas emociones. Tantas que no sabría enumerarlas ni descifrar con certeza cuales eran. Estaba emocionada, pero también un poco asustada. Era la primera vez que iba a estar lejos de mi familia durante un periodo de tiempo tan prolongado pero, quizás, ellos estaban aún más nerviosos que yo ante esto. Muchas cosas y preguntas rondaban mi mente. ¿Cómo sería mi familia? ¿Podría entenderlos y comunicarme bien? ¿Me aburriría o encontraría nuevos amigos? Pero también estaba contenta porque por fin iba a hacer algo que llevaba mucho tiempo esperando.

Ese primer día de viaje, cambios horarios y climáticos y mucha música fue agotador.

Pero cuando por fin llegué a la que sería mi casa durante mi estancia en Wexford, Mary, Niall, Lilly y Cathal me recibieron con un abrazo y una barbacoa. Incluso Buttons (el perro) empezó a saltar para jugar conmigo.

Y a partir de ahí, cada día fue una nueva aventura.

Conocí a mi compañera de habitación italiana, formando una amistad casi instantánea, al resto de mis compañeros de clase y a mi profesora. Todos los días en la escuela había algo especial y aunque no me gustara tener que levantarme temprano en verano, valía la pena para poder disfrutar de aquellos momentos.

Hicimos excursiones a lugares muy interesantes como una fábrica de cristal, un antiguo faro o un museo que mostraba la historia de Irlanda. Y actividades tanto deportivas como artísticas.

Pero aparte de toda esa diversión, estando allí, aprendes a desenvolverte mejor, a tener menos vergüenza y a socializar con gente desconocida en un idioma que no es el tuyo. Te adaptas a unas costumbres y unos horarios distintos y compruebas que eres capaz de más de lo que pensabas.

Lo único malo de todo esto, fue tener que volver. Porque ya sabes lo que se dice, cuando te lo pasas bien, el tiempo vuela.

Y voló, como yo volé de vuelta a casa con el sentimiento agridulce de volver a reencontrarme con mi familia, pero sintiendo que dejaba algo atrás.

Aunque no está atrás porque hoy, aún sigo en contacto con esos amigos que hice y con la familia que me trató como una más. Y algún día, volveremos a vernos porque desde luego, ha sido una experiencia para repetir.

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